El 11F: acceso, poder y representación en ciencia y salud

#11F

Cada 11 de febrero conmemoramos el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha clave para visibilizar los avances logrados en el acceso de mujeres y niñas a la educación científica y a las profesiones vinculadas a la ciencia y la salud. Pero más allá de la celebración, sigue pendiente una pregunta fundamental

¿Quién lidera la ciencia y quién toma las decisiones que orientan sus prioridades, recursos y políticas?

En las últimas décadas hemos ganado presencia en aulas, laboratorios, hospitales y equipos de investigación. Sostenemos la ciencia y los sistemas de salud, generamos conocimiento y lideramos innovación. Sin embargo, ese aumento de participación no se traduce en el mismo acceso al liderazgo. La brecha entre estar y decidir sigue ahí.

Los datos lo confirman: la desigualdad persiste en liderazgo y reconocimiento

Los datos lo muestran con claridad: las mujeres representamos solo el 31,7 % de las posiciones científicas, ocupamos el 32,2 % de los puestos de liderazgo y hemos recibido apenas el 6,7 % de los Premios Nobel desde 1901. Estas cifras no responden a una falta de talento o mérito individual, sino a barreras estructurales que siguen limitando nuestro acceso a los espacios donde se define el rumbo de la investigación y de las políticas de salud.

El sector salud como paradoja: un sector feminizado con poder masculinizado

El sector sanitario lo ejemplifica bien. Aunque las mujeres constituimos la mayoría de la fuerza laboral, nuestra presencia disminuye a medida que aumenta el nivel de responsabilidad, gestión y toma de decisiones.

En España, la enfermería es una de las profesiones más feminizadas: alrededor del 80 % del personal son mujeres. Sin embargo, esta mayoría no se refleja en los espacios de poder. Los puestos de dirección, gestión hospitalaria, coordinación académica y liderazgo institucional siguen estando ocupados de forma desproporcionada por hombres. Esta dinámica se reproduce también en el ámbito académico: aunque somos mayoría entre el estudiantado y el personal investigador joven en ciencias de la salud, nuestra presencia disminuye en los niveles más altos de la carrera académica (cátedras, direcciones de departamento, puestos de mayor reconocimiento y capacidad de decisión).

Los puestos directivos y de liderazgo siguen estando mayoritariamente ocupados por hombres (Figura 1). Esta realidad persiste incluso en contextos donde existen compromisos formales con la igualdad, lo que pone de manifiesto la distancia entre el reconocimiento del problema y los cambios reales en las dinámicas de poder.

Figura 1: La feminización del poder en salud global
Figura 1: La feminización del poder en salud global

Cuidados y desigualdad: una pieza clave

Para comprender esta brecha es imprescindible incorporar una mirada crítica sobre la feminización de los cuidados. Históricamente, el cuidado ha sido asociado al rol femenino y, como consecuencia, infravalorado e invisibilizado, tanto en el ámbito doméstico como en sectores profesionales como la salud.

Cuando las responsabilidades de cuidado recaen de forma desproporcionada sobre las mujeres, sus trayectorias profesionales se ven penalizadas, sus carreras se interrumpen y sus oportunidades de acceso al liderazgo se reducen. La desigualdad no es accidental: es el resultado de un sistema que sigue asignando el cuidado a las mujeres y el poder a los hombres.

Ciencia, visibilidad y reconocimiento: la importancia de los referentes

La falta de mujeres en posiciones visibles de liderazgo científico y sanitario tiene consecuencias que van más allá de las estadísticas. La ausencia de referentes condiciona el imaginario colectivo, limita las aspiraciones de niñas y jóvenes y refuerza la idea de que el liderazgo científico no les pertenece.

No se puede aspirar a aquello que no se ve. Por eso, visibilizar a mujeres que lideran, investigan y transforman la ciencia no es un gesto simbólico, sino una herramienta clave para avanzar hacia una igualdad real.

Los referentes importan

En este contexto, referentes como la astronauta Sara García Alonso y la investigadora biomédica Marta Giralt ayudan a romper estereotipos sobre quién puede liderar en ciencia. Su visibilidad no es solo un logro individual: amplía el imaginario de lo posible y ofrece a niñas y jóvenes modelos diversos con los que identificarse. Por eso, en el 11F es clave empoderar a las niñas desde edades tempranas y fomentar su participación en ámbitos donde históricamente han estado infrarrepresentadas.

Más allá de celebrar: queremos liderazgo, poder y corresponsabilidad

En este 11 de febrero, desde WGH Spain queremos ir más allá de la celebración. El reto ya no es solo que las mujeres estén en la ciencia, sino que puedan darle forma, influir en sus prioridades y liderarla.

Avanzar hacia sistemas científicos y sanitarios más justos exige redistribuir no sólo el acceso, sino también el poder, el reconocimiento y las responsabilidades de cuidado. Solo así será posible construir una ciencia verdaderamente equitativa, inclusiva y comprometida con los derechos humanos.

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