El World Health Summit, celebrado en Berlín del 11 al 13 de octubre, ha sido una oportunidad para ampliar perspectivas, compartir conocimiento y conectar con profesionales comprometidos con los grandes retos de la salud global.
Una de las cosas que más me ha interesado es la pluralidad de enfoques desde los que se ha abordado la salud. La tecnología y la innovación biomédica, los nuevos tratamientos farmacológicos para las enfermedades crónicas, la resiliencia de los sistemas sanitarios, los determinantes sociales y económicos que generan desigualdades y la preparación ante futuras pandemias han convivido en un mismo espacio de debate. Esta diversidad nos recuerda que los retos de salud no pueden abordarse desde una única disciplina ni mediante soluciones aisladas: necesitamos investigación, políticas públicas, innovación y cooperación.
Para mí, el encuentro también ha tenido un valor especial como espacio de conexión con otros chapters de Women in Global Health. Compartir experiencias, inquietudes y objetivos con mujeres que trabajan en distintos ámbitos de la salud global refuerza la importancia de crear redes, impulsar el liderazgo femenino y generar alianzas que trasciendan las fronteras profesionales y geográficas. También fue un momento interesante el encuentro de candidatos para la Dirección General de la World Health Organization (WHO). De entre los candidatos está, María Neira, quién se postulo con rigor y vitalidad ante los retos que encara la Organización.
Regreso de Berlín con una mirada esperanzada, pero también consciente de los retos que tenemos por delante. La innovación científica, por sí sola, no garantiza la mejora de la Salud, de la población ni la equidad: el conocimiento debe llegar a las personas y los territorios que más lo necesitan. Para conseguirlo, es imprescindible conectar universidades, instituciones, profesionales sanitarios, empresas, organizaciones no gubernamentales y sociedad civil.
Creo que, si cada uno aporta lo mejor de su conocimiento, experiencia y capacidad de colaboración, podemos avanzar hacia sistemas de salud más justos, resilientes y accesibles. Hay que seguir tejiendo la Confianza y promover acciones concretas. Porqué de ningún otro modo puede ser posible abordar la complejidad geopolítica y económica que se vive tanto en la WHO, la Academia y en las distintas instituciones de Salud Global. Especialmente en aquellos contextos donde acceder a una atención sanitaria adecuada sigue siendo un privilegio y no un derecho efectivo.
La salud global necesita ciencia, compromiso y alianzas. Y, sobre todo, necesita que sigamos trabajando juntos para que nadie se quede atrás.


