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ENTREVISTA A MONTSERRAT GONZÁLEZ Y ÁNGELES MARTÍNEZ SOBRE EL SÍNDROME DE LA IMPOSTORA

El pasado día 9 de febrero entrevistamos a las doctoras Ángeles Martínez Hernanz, psiquiatra en el hospital de Getafe, y a Montserrat González Estecha, jefe del Servicio de Bioquímica Clínica en Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Ambas son coautoras, junto con la Dra Herrera de la Muela M, del capítulo “Síndrome del impostor como factor de riesgo en el desarrollo de síntomas psiquiátricos en mujeres médicas” en la publicación internacional “Equidad de género en la profesión médica”. Hablamos con ellas sobre qué es el síndrome del impostor/a y qué les llevó a trabajar en este proyecto. Además, la doctora Montserrat González nos va a hablar de la recién fundada Federación Temática de Igualdad, Diversidad e Inclusividad de la Unión Europea de Médicos Especialistas (UEMS), de la que es secretaria general. 

 

La idea de realizar esta entrevista surgió en diciembre del año pasado. Cuando una de nuestras compañeras de WGH Spain mencionó en un evento público que tenía que superar su síndrome de la impostora. El comentario fue acogido con aplausos y sembró la semilla para tratar de este tema, que afecta a tantas mujeres y limita su avance en el ámbito profesional. Esperamos que sea útil y lo disfrutéis.


Laia Vazquez (WGH Spain): ¿Qué es el síndrome de la impostor/a? 

 

Ángeles Martínez: Es verdad que se llama también de la impostora, porque es mucho más frecuente en mujeres, incluso mayores. Lo que siente es que está haciendo un papel que no es real, que está en un puesto que no le pertenecería, lo cual hace que esté siempre sometida a la mirada de los otros. Y además unos otros que te pueden pillar en la falsedad que tiene lo que estás planteando. Lo que haces es internalizar los fracasos y externalizar los éxitos . Tú eres responsable de no dar la talla, de no ser lo suficiente, de no subir. Pero las atribuciones de los éxitos, siempre las haces a cosas externas. No tienen que ver contigo …Ha sido la suerte o no se han dado cuenta de que en realidad no estaba preparada…, …esta vez ha salido de chiripa…, o …esta vez bien, porque he hecho una preparación previa muchísimo más alta de lo que cualquiera hubiera tenido que hacer… O sea, es como yo no tengo las capacidades y me tengo que preparar para cualquier cosa, el doble que cualquiera de mis iguales. Más o menos viene a ser una cosa así.

 

Laia: ¿Es realmente un síndrome médico?

 

Ángeles: No, no aparecen en ninguna clasificación como un síndrome clínico. Yo siempre he pensado que quizás clasificarlo sería dar un reconocimiento a una dificultad que en ocasiones genera estrés, malestar. Por otro lado, también el plantear esto como una patología tiene su lado negativo, porque si estuviera en las clasificaciones implica, en cierta manera, que la deficiencia, lo patológico, estaría dentro de la misma persona que lo padece. Pasaríamos otra vez a responsabilizar a esa persona, que es lo que justo debilita la autoimagen. Sin embargo, en el síndrome del impostor/a los fallos se relacionan, más allá de la persona, con un montón de factores y situaciones sociales, incluso familiares, que históricamente nos han limitado y condicionado. 

 

Laia: ¿Puedes describir la evolución del síndrome de la impostora? 

 

Ángeles: Suele empezar en la universidad. Por ejemplo, te parece que los exámenes que apruebas es porque has tenido muchísima suerte, en cambio cuando suspendes la culpa es tuya. Y se va reforzando esa idea de siempre que sale algo bien ha sido la suerte, y que el hecho de que el resto no se den cuenta es simplemente suerte también. Estás ahí, vas pasando, vas pasando. Claro, esto cuando llegas al mundo laboral es mucho más marcado. Para las mujeres, es un momento de la vida en que empieza a formar una familia y te cae no solo esa sensación de tener que poner el doble de esfuerzo para demostrar tu valía profesional, porque uno parte de la base de no, yo no soy tan brillante como el de al lado y tendré que hacer el doble para quedar a la misma altura o incluso por debajo. Se suma la familia, los hijos y muchas, muchas veces, cuando una mujer llega a puestos medianamente elevados, una de las preguntas primeras que hacen es ¿y tú cómo te apañas con los niños? aunque no sea una responsabilidad exclusiva de la mujer. Eso crea el sentimiento debería estar con mis hijos y no estoy tanto. Con lo cual si pasa algo es que soy culpable porque no les he educado como debiera. Son demasiadas cargas las que se acaba uno echando y uno acaba siendo un fraude. Al final la sensación de fraude no sólo viene del aspecto profesional, sino también del de cuidadora, que es lo que yo creo que hace que el síndrome del impostor aparezca mucho más en mujeres. 

 

Laia: ¿Hasta qué punto crees que el síndrome de la impostora puede explicar el número decreciente de mujeres conforme se avanza en la carrera profesional o conforme se va subiendo en las esferas de poder en diferentes organizaciones?

 

Montserrat González: Ahora desde mi puesto de jefe de servicio veo que es fundamental el detectar este síndrome del impostor cuanto antes mejor. Por ejemplo, en la dinámica de las sesiones a veces detecto mucha valía, mucha competencia profesional, en algunos de mis adjuntos y mis residentes, pero sin embargo veo que no se atreven a hablar. Es una pérdida de talento debida también al síndrome del impostor. Es decir, muchas veces las personas que sufren este síndrome no se atreven a expresar su opinión porque piensan que seguramente será una tontería o no se atreven por lo que vayan a pensar los demás, etcétera. Y eso yo creo que es una pérdida de talento importantísima, que no permite avanzar  e innovar con creatividad y tiene un gran impacto si lo valoramos en términos poblacionales. Tampoco depende de una sola persona en un grupo el crear un clima de no sentirse juzgado, de sentirse seguro de que cada uno pueda expresar las opiniones. No es fácil.

 

Laia: La verdad, me parece una actitud muy valiosa, reconozco que esa situación me pasa a menudo…

 

Montserrat: A mí me ayudó mucho una frase que le oí a Michelle Obama, en una entrevista en un colegio donde dijo, yo tengo el síndrome de la impostora, dice, y lo que pienso es que yo tengo un asiento permanente en la ONU y cuando voy y escucho a los que están ahí sentados pienso, pues tampoco es tan especial lo que están diciendo, yo tengo ideas propias que probablemente puedan aportar. Es decir, siempre pensamos que los que están alrededor que hablan con mucha seguridad están más capacitados y a veces, incluso aunque no tengas formación en un tema concreto, a lo mejor se te ocurre un punto de vista mucho más creativo, o con o con un ángulo diferente que puede aportar más que el que tenga más experiencia en ese tema.

 

Laia: ¿De dónde surgió la motivación para escribir este capítulo que realmente se aleja de otras áreas que habéis tocado durante vuestras carreras profesionales? 

 

Montserrat: Ver reflejado ese síndrome que primeramente no sabía ni que tuviera un nombre, en mí misma y en mis compañeras. Conocerlo y trabajar en ello permite superarlo, aunque nunca se va del todo. Con lo que he contado de mi actividad profesional necesitaba asistir a reuniones y preparar documentos en inglés. Yo soy bastante minuciosa, perfeccionista y sobre todo con el español, con el lenguaje. Entonces lo de no dominar el inglés era algo que me frustraba mucho. ¿Qué ocurre? Cuando me propusieron ser miembro de estos organismos internacionales, la verdad es que sufría mucho y me supuso hacer un sobreesfuerzo literal, es decir, empecé a prepararme muchísimo para que el inglés de mis intervenciones fuera perfecto ¿Qué pasó? Pues que me nombraban secretaría general por ese afán de perfección y necesidad de superar el fraude que yo sentía que era. Me llevó a mejorar, pero con sufrimiento. Luego con los años pues te das cuenta de que realmente sí has podido desempeñar el papel y te vuelven a llamar para hacer algo, es decir, si sigues avanzando, pues realmente será que no tienes ese problema, es decir, que no va a ser todo suerte siempre y en ese sentido.

 

Ángeles: Si esto ocurre también, por ejemplo en mi especialidad. Nosotros si trabajamos con algo es con hablar. Yo me di cuenta desde muy pronto que lo de que hablar me suponía un horror. O sea, yo podía escribir algo, podía presentar algo, pero hablar. ¿Y por qué? Pues probablemente porque hablar en el fondo lo que había detrás era una exposición mucho más directa. La falsa idea de que los demás sabían más que uno, o que te iban a pillar en 8000 cosas que puedes flaquear o que puedes no tener tan claras. Y creo que ahí el poder plantearte que esa es una dificultad y una traba que tienes y también permitirte el irte exponiendo aunque sea gradualmente, pero lo pases fatal y digas que es la última vez que te sometes a una tortura, que no merece la pena. Pero el poder ir exponiendo y ver que no ocurre nada, aunque a veces incluso puedes meter la pata, pero que el mundo sigue girando, te permite el exponerte de un modo más claro en la siguiente vez. Si no lo haces,  te quedas bloqueado en tu zona de confort siempre.

 

Laia: Me he sentido bastante identificada con el tema del idioma. ¿Vosotras creéis que las personas de vuestro entorno son conscientes de que sufren situaciones relacionadas con el síndrome del impostor/a?

 

Montserrat: Sí, yo creo que sí, pero en muchas ocasiones es que ni siquiera saben cómo se llama, lo cual es muy llamativo y también indica la falta de conocimiento en ocasiones sobre sobre el tema. A raíz de escribir el capítulo lo detecto mucho, sobre todo en residentes. Yo creo que es necesario una ayuda externa, para que arriesguen e irlo venciendo, porque si no es una pena que no desarrollen todo su potencial. 

 

Laia: Montserrat, eres la Secretaría de General de la Federación Temática de Equidad, Diversidad e Inclusividad de la UEMS. Quería preguntarte un poco por el origen y los objetivos que tiene.

 

Montserrat: Como su nombre indica, en la UEMS estamos representadas las diferentes especialidades médicas, pero además, se han creado grupos de trabajo y federaciones temáticas en temas transversales en la práctica médica. Tengo que agradecer especialmente tanto a Tomás Cobo como a Rosa Arroyo del Consejo General del Colegio de Médicos y al doctor Santiago Prieto, que me propusieron para esta federación, que acaba de comenzar. Vamos a proponer, en primer lugar, crear cuatro grupos de trabajo, de igualdad, diversidad, inclusividad y educación. Porque en todo esto que estamos hablando al final es fundamental la educación. No olvidemos que los estudiantes de ahora serán los próximos futuros líderes, ¿no? Y además, queremos desarrollar de manera conjunta también un plan de acción. Una de las cosas que acabo de proponer es realizar un estudio europeo a raíz de una encuesta que se hizo aquí en España, en la que se vio cómo estaban representadas las mujeres en las sociedades científicas. A pesar de ser una profesión muy feminizada, sólo había tres sociedades en que la presidenta fuese una mujer, una de ellas la mía.  Entonces, bueno, queremos extrapolar, es decir, tener estrategias conjuntas a nivel europeo, pero no solamente desde el punto de vista de género, sino también de minorías, etnicidad, estatus socioeconómico, etc. Y bueno, también hay que reconocer las diferencias, porque a veces es como que no existen, y realmente el aumentar la diversidad por sí misma tampoco es que sirva de gran cosa, sino que tenemos que desarrollar estrategias que estén respaldadas con investigaciones, al igual que todos los esfuerzos que se hagan en inclusividad también, pues se deben enfocar más en los individuos que como grupo social. Es decir, es necesario también aprender y cambiar la cultura de la organización, la estructura, es decir, la educación. 

 

Laia: ¿Qué rol crees que tienen los medios de comunicación para mejorar el síndrome de la impostora? 

 

Ángeles: A ver, yo creo que el hecho de visibilizar algo y permitir que no forme parte de un tabú siempre ayuda. Primero, poder reconocerlo. Si tú no tienes ni idea de que algo existe, difícilmente puede saber. Tú ves que te limitas en muchas cosas pero no sabes que te está ocurriendo. El hecho de ponerle un nombre, de poder visualizarlo, de plantear que no eres tú sola, que hay muchísima más gente que puede tener un síndrome parecido. Yo creo que es de las cosas más eficaces. Por eso la potencia, por ejemplo, de las terapias grupales, que es ver en otros lo que me está pasando a mí y ver las estrategias que ellos pueden usar. Tiene mucha más fuerza que lo que me pueda decir un psicólogo o un psiquiatra detrás de la mesa. Como todo, uno corre el riesgo cuando estas cosas se ponen muy de moda y se visibilizan, que se empiezan a llamar síndrome del impostor a cualquier cosa, pero yo creo que es un riesgo que merece la pena. Ya habrá tiempo de aclararlo, de plantearlo, pero cuanto antes se detecte, antes puedo poner soluciones y no cronificar. Si a alguien con 60 años le dicen oye, ¿te has planteado esto? Es que difícilmente tiene mucho tiempo de reacción. 

 

Laia: Mi última pregunta es pediros si queréis aportar algún consejo, algo que hacer en el día a día para intentar afrontar este tipo de situaciones.


Ángeles: Bueno, yo creo que es fundamental el ir pudiendo permitirte exponerte a esas situaciones, el ponerte ante la mirada de los otros y ver que igual no hay tantas fallas como tú piensas. Nadie va a descubrir que eres un impostor, pero nadie va a descubrir nada más. ¿Realmente te vas a quedar en una zona neutra?

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